Calificación **`
Clasificación A+
Pudo haberse llamado: Un mago hechizado.
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Gillian Anderson es una directora que, si bien no es constructora de impresionantes taquillas, sí lo es de delicados montajes de época. La primera película que la puso en el mapa internacional fue MUJERCITAS, en donde Susan Sarandon, Winona Rider, Claire Danes, Kirsten Dunst y hasta Christian Bale pusieron al mundo a llorar dentro de un ambiente de cuidadísimos escenarios victoriano-estadounidendes.
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Muchos años después nos llega EL GRAN HOUDINI, una película que goza de la misma concienzuda manufactura y extraordinarias actuaciones (Guy Pearce metido en la obsesiva mente de Houdini, Catherine Zeta-Jones muy adecuada y, sobre todo Saoirse Ronan, desesperantemente impecable). La producción, dirección y actuaciones favorecen la experiencia... pero falta historia.
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La figura de Houdini, que roza con los grandes de la mitología popular, puede ser tremendamente explotable en lo que a magia y engaños se refiere. Pero precisamente eso es lo que falta en la historia: MAGIA. Ya hace un poco más de un año habíamos visto EL ILUSIONISTA y EL GRAN TRUCO: dos películas que llevaban la magia a terrenos más oscuros y románticos. Allí la magia era parte de la historia: era medio y fin. En EL GRAN HOUDINI la magia es un plato que se sirve aparte; es apenas un accidente dentro de la historia de amor que vaga entre lo burdo y absurdo.
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En conclusión, es una historia de amor maravillosamente ambientada. El protagonista podría llamarse Houdini o Juan Pérez... pero igual vale la vuelta.